
No podré auto-exigirme coherencia en este sábado de sol en Pueblo Esther, no voy a hacer más que copiar un breve y antiquísimo poema mientras miro el río que baja con toda la potencia desde el amazonas, en la parte más inclinada de mi antología cuasi-poética.
Ego roto
Una pila de manos / justas y precisas
lloviendo agradecidas / mojándome en vida
Lágrimas dulces / puentes de palabras
bañan la figura blanca y roja de mi voz
Y yo viajando girando sobre sonidos suaves
y otra voz leve y muda / gritando mi yo
Pero la pintura se derrite siempre
llega la noche de la mano de Narciso
y la miel se muere se deshace en la boca
fallece en su sabor / egoísta y preciso
Txt: Pedro Cactus
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