
El ladrillo, tierra cocida, se convierte en el protagonista excluyente de sus edificios. Como dice Rafael iglesia, el ladrillo es el “tejido” de sus obras: es muro, piso y techo. Es escalera, tabique y alero. El nexo con la tierra y el paisaje natural se enfatiza con la voluntad de vincular el exterior y el interior mediante pérgolas, canteros y voladizos en hormigón, el otro material que moldea su producción.
Durante la últimas dos décadas, Scrimaglio se ha alejado casi por completo de la práctica arquitectónica para emprender una cruzada ecologista y defender, con el mismo énfasis con el que ha defendido su arquitectura, la preservación de la Reserva Natural de Granadero Baigorria: un maravilloso espacio natural vecino a Rosario, dedicado al ocio y la recreación.
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